La Toma De La Bastilla
La Toma De La Bastilla
Hola queridos lectores, hoy les quiero hablar de un tema muy
particular y no, no piensen que les hablaré acerca de la revolución francesa,
el título puede parecerles que hablaré del tema pero no es tanto así. Quienes
me conocen saben que he andado por varios puntos del país, he vivido y convivido
con personas que aunque vivimos bajo el mismo cielo cambian en muchos aspectos
de nuestra cultura, entorno e idiosincrasia. Estoy agradecido porque esto me ha
llenado de experiencias de vida que difícilmente puedes vivirlas estando en un
solo lugar, pero claro no estamos exentos de que ocurra. Eso sí, muchos amigos
hice.
Quiero remitirme a un punto en particular, este es que
cuando viajas solo, cuando cambias tu residencia, cuando decides independizarte
y buscar por ti mismo el sustento del día, en pocas palabras trabajar y vivir
solo, es cuando te das cuenta del valor que tenían las cosas cuando vivías con
tu familia, algo tan simple se puede llegar a convertir en algo pesado y
desesperante, tan solo el simple hecho de prepararte la comida del día.
Tuve la fortuna desde muy joven el saber que quería
estudiar, claro lo sabía pero no lo podía hacer, siempre tuve esa como barrera
de pensar que si no se hacía con dinero no se podía hacer, les aclaro esto no
es un tutorial o un manual de cómo hacer las cosas sin dinero, porque no es así
queridos lectores. Les decía, cuando estudiaba en el tercer grado de
secundaria, llegaron algunas personas para promocionar algunas carreras
técnicas por decirlo así, mencionaron varias con las que contaba la escuela
pero para mí todo era igual hasta que, de repente mencionan hotelería y gastronomía
y plaaam!, algo hizo conexión conmigo, era, diferente, sublime, pero en ese
momento yo supe hacia donde tenía que dirigir mis pasos.
Pero como era posible que yo pudiera pensar (era mi lado
humano) que podría estudiar una carrera así, cuando ni siquiera podía hacer un
huevo frito, apenas y quería romper el huevo sobre el sartén o la estufa para
vaciar al sartén y se quebraba todo. Pero bueno para no contarles toda la
historia, no logré estudiar la carrera por completo, pero si el gusanito de la
cocina seguía ahí y hasta que me ayudó un familiar a introducirme en el mundo
de la cocina, en ese entonces ya contaba con dieciocho años. Fue fantástico pero
a la vez decepcionante, porque pareciera que esperaba un poco más de glamour o
algo parecido, pero sin embargo eso abrió las puertas para mi aprendizaje, al
menos ya puedo preparar tortillas españolas sin que se me rompan los huevos.
Bueno esto me ayudó a no morir de hambre en el intento, pero
había algo cuando me metía en casa de mis padres a preparar alguna comida
especial cuando algún cumpleaños, ese algo especial es difícil de escribir, lo
tienes que experimentar. El uso de las yerbas, de los condimentos y el conocer
te hace sentir magnifico, esto lo he experimentado pocas veces fuera de la
cocina, realizando otras labores, por eso tal vez el título.
He llegado ahora a una ciudad grande, tal vez no tan grande
como otras donde he estado, pero tiene una particularidad, un aire de grandeza,
donde las personas viven sin preocupación, donde no te miran como un bicho raro
porque vistas de una manera particular, tampoco quiere decir que me visto como
bicho raro jajaja, pero este sitio es inspirador y eso es grandioso, porque
cuando miro atrás y veo todo lo que he pasado es fantástico poder decir que he
llegado a un sitio que me gusta para vivir.
Les decía que pocas veces he experimentado ese sentimiento
especial que sentía o siento cuando estoy detrás de un mandil, uno de ellos fue
hace poco, muy recientemente. Yo siempre había dicho que sabía coser, y más mi
ropa, digo aclarándoles el punto porque no es lo mismo cocer que coser. Cuando
llegué a esta ciudad lo primero fue encontrar un trabajo y bendito Dios que lo
encontré muy rápido. Pero en este lugar de trabajo la exigencia era que tenía
que vestir con ropa más formal, de hecho con corbata y toda la cosa, en mi vida
solo había usado corbata y creo que nada más fueron dos o tres veces. Pero
eso no fue lo más, hasta que me topé con algo que no consideraba un problema
porque yo sabía que era algo que podía hacer, esto es una bastilla, dobladillo
o no sé cómo lo llames en tu país o tu lugar de origen, pero es hacerle
dobladillo a los pantalones. Hice remembranza de todas las veces y ocasiones en
que hice una bastilla y me sorprendí que eran ¡fatales!... Algunas veces y lo
recuerdo bien preferí llevar los pantalones con una o un profesional, pero esto
ahora suponía un reto ya que aquí la situación no daba para enviarlos con
alguien más.
Entonces ¿que hice? Tomar hilo, aguja e internet. Si,
internet, me metí a youtube y busqué videos sobre cómo hacer las bastillas,
cool ¿no?, vi el video varias veces hasta que
entendí la idea y la verdad era algo sencillo, solo que la técnica usada
y que yo nunca supe como lo hacía mi abuela y mi madre era no hacerle nudo al
hilo para que cuando insertas la aguja en la tela a la hora de coser no se
llegase a salir, pero lo aprendí, también había otro detalle, era la cosa de la
desesperación, si, no desesperarme a la hora de hacerlo, porque suele pasar que
cuando el hilo es muy largo puede enredarse y darle al traste a las cosas. Y
miren queridos lectores que varias veces se me estaba enredando el hilo. Pero
algo ocurrió y cada vez que insertaba la aguja, era como un flujo dentro de mí,
sentí tanta paz al llevar a cabo la tarea, era sublime, esta experiencia me
gustó tanto que el repetirla con los otros pantalones no me provocó tedio, ni me
desespere, porque sentí que, primero podía hacerlo y segundo me gustaba hacerlo. Se experimenta una alegría infinita al ver tu trabajo finalizado y bien llevado a cabo que tratar de describírselos es como querer describir a Dios ya que no alcanzan las palabras y aun así es Más de lo que sabemos o llegaremos a saber.
No quiere decir que seré sastre, pero sin embargo me ayudó
mucho a estar en paz, como un tipo de método zen donde separas la mente de todo
y es como si lo vieras desde lejos. Algo así viví en esos momentos. Después
comprendí algo muy importante, dejé que mi femenino se manifestará, dejé que la
madre aflorará, esa es de las cosas más importantes que debemos tener en
nuestras vidas, un balance entre el masculino y el femenino. Es como recordar
cuando tu madre te enseñaba algo cuando eras pequeño y si lo hacías bien te
premiaba con alguna golosina, ¿recuerdas alguna experiencia así?
Ahora tiene sentido el título de esta entrada, porque lo que
lleve a cabo para mí fue grandioso, no tanto el poder coser, sino el de llevar
a cabo algo sencillo con tanta calma y paz, permitiendo que existiera un flujo
maravilloso. Ese día fue la Toma de la Bastilla, pero de mí Ser, quien tomó el
control de las cosas y permití que lo hiciera.
Muchas Gracias por leerme.
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